Las mujeres han sido una población foco del conflicto armado en Colombia, y han sido víctimas de violencias específicas cometidas por los actores armados. Los impactos de una guerra a la que muchos no pertenecemos dejaron huellas de por vida en las mujeres de Colombia.

Las mujeres como víctimas de la guerra constituyen el 51% de las víctimas de desplazamiento forzado, 47% víctimas de homicidio y 82% víctimas de violencia sexual. Sin embargo, estas cifras sólo son de aquéllas que se encuentran inscritas en el registro único de víctimas,sin tener en cuenta todas aquellas que han sufrido algún tipo de violencia y que no se encuentran registradas, siendo entonces al menos 4.156.053 víctimas identificadas como mujeres (Unidad de Víctimas, 2018), tal  como lo demuestra la siguiente gráfica:

*Imagen Tomada de la página oficial de Unidad para lasVíctimas: https://rni.unidadvictimas.gov.co/RUV

Cabe destacar que la  vulneración de los derechos de las mujeres no sólo se encarna en violencia sexual y física, sino también otros tipos de violencia que se originan en la intervención y el control por parte de paramilitares y guerrilleros, quienes por medio de múltiples prácticas  modificaron las diferentes formas de vida y la cotidianidad de las sociedades locales, moldeando un orden en el que ejercían una autoridad déspota, donde las mujeres se convertían en esclavas del trabajo doméstico, obligandolas a aceptar reglas de comportamiento y vestimenta. Esta imposición de trabajos forzados diferenciados para hombres y mujeres permitían privilegios a los integrantes de las FARC y a los paramilitares, incluso si éstos mismos se oponían. Es decir, pese que algunos de los miembros de estos grupos al margen de la ley se opusieron a cometer estos crímenes, estos actos siguen evidenciando situaciones de confrontación extrema en las que se expande la crueldad a la deshumanización de mujeres y niñas sin distintivo social, cultural o político.

Un ejemplo de lo anterior es el orden paramilitar instaurando en la jurisdicción de San Onofre, Libertad, Rincón del Mar y otros corregimientos del departamento del Sucre, en los cuales se instauró un modelo específico sobre la condición de la mujer,trayendo consigo un “deber ser” de una mujer, produciendo arreglos de género tradicionales y patriarcales: las restringían a sus hogares, a criar a los hijos, cuidar la casa, ser disciplinadas y mostrarse respetuosas tanto de la autoridad masculina como de la paramilitar, por lo que todos los comportamientos contrarios eran transgresores y estigmatizados por parte de los paramilitares (Grupo de Memoria Histórica, 2011). Estos mismos comportamientos eran exigidos en los frentes paramilitares y en los frentes de las FARC: las mujeres eran quienes se encargaban de los quehaceres, y quienes servían a los hombres en armas, mientras ellas también hacían parte de la guerra.  Cuando se tenía noticia de que existía maltrato intrafamiliar, discusiones con el esposo, infidelidades, chismes y peleas con los vecinos, las mujeres eran castigadas obligándoles a realizar oficios dentro de los pueblos, en fincas, potreros, campamentos y bases paramilitares, lo que sin duda constituye también discriminación por género,que se define como: “aquellas pautas,normas, decisiones y prácticas que no tratan con igualdad los intereses y derechos de varones y mujeres, y/o que dan lugar a resultados de desigualdad”.

¿Quiénes son los responsables y quiénes son las víctimas? Muchos de los responsables son aquéllos que tienen o sienten cierto dominio sobre un grupo determinado de personas, y por lo tanto,creen tener poder sobre el cuerpo de otras personas. El perfil de las víctimas son mujeres en condiciones de vulnerabilidad, sobre las que se presentan violaciones oportunistas, así como mujeres vírgenes, jóvenes y niñas.  La característica de indefensión es de las más importantes tanto para víctimas de violencia sexual, como de violencia física y trabajo forzado.

Ahora queda preguntarnos cómo quedó la Ley de Justicia y Paz, esta, por desgracia, es una pregunta dura de responder, no por dificultad teórica sino porque la respuesta es cruel: Existe olvido. Pues aunque exista la Mesa de Incidencia por la Verdad, la Justicia y la Reparación con Perspectiva de Género, que comenzó a funcionar en el 2004, y la cual quiso llevar a cabo, junto con la Red Nacional de Mujeres, algunas actividades de incidencia y cabildeo con el fin de garantizar la inclusión dela perspectiva de género y el acceso a la verdad, la justicia y la reparación a mujeres víctimas sobrevivientes; No obstante, se considera que realmente existe impunidad y encontrar información real y verdadera sobre los hechos victimizantes hacia las mujeres es difícil, especialmente cuando no es posible determinar los victimarios.

Frente al Acuerdo de Paz, este contiene un pilar de igualdad y enfoque de género que reconoce a las mujeres como ciudadanas autónomas con acceso, en condiciones de igualdad, a todos los derechos. Además, también crea la Unidad de Investigación y Acusación (de las cuales algunas de las 12 sedes habrían empezado a funcionar en marzo del año 2018 y otras en julio) que debe contar con un equipo de investigación para casos de violencia sexual, así como también establece atención psico-social para la recuperación emocional de las víctimas de acuerdo al daño específico padecido, incluyendo de manera especial a las víctimas de violencia sexual.

Sin embargo, el acceso a estos procesos de justicia está por verse, pues aún existen muchos estereotipos en cuanto a los casos de violencia sexual de las víctimas, e incluso muchas veces se dejan también de lado otros tipos de violencias como el trabajo doméstico forzado que lideran principalmente mujeres.

Referencias

Grupo de Memoria Histórica. (2011). Mujeres y Guerra: Víctimas y resistentes en el Caribe Colombiano. Taurus.

Unidad de Víctimas. (03 de marzo de 2018). Obtenido de https://rni.unidadvictimas.gov.co/RUV